la historia histérica


El padre de Miki

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Mucho, mucho, pero mucho,  ANTES de conocerse el actual lugar de residencia, Miki Hauser vivía con su padre en una plantación de hierbas del sud-este de Ecuador.

El padre de Miki, también llamado así, -como lo fueron su abuelo, y el abuelo de su abuelo- desarrolló un simpático artilugio  que proponía la revista Mecánica Popular a la que estaba suscripto y que sería el principio de la Hidrolavadora que ilustró páginas anteriores de Aargh.

Consistía en dos tubos de caña Colihue adheridos entre sí, unos metros de tripa de cocodrilo y un recipiente. El tanque adherido a su espalda, servía como suministrador de agua a presión.


*agradecemos a la National Cience of Edimburg la foto de archivo.

No esta muy claro como Miki, con la ayuda de unos guerrilleros, pudo robarlo, cuando secuestraba junto a ellos una nave americana caída en la zona montañosa. Lo cierto es que se hizo con dos tanques de cinco litros y una cámara fotográfica Leica, que lo acompañaría toda su vida.

Con esos elementos, algo de cuerda y Sika Bond G22, armó lo que él llamaría “Máquina de eliminar la aridez”.

Miki Hauser (h) tenía cinco años, y prestó mucha atención a los planos de su padre y a las risas de los vecinos de su padre. Y en una caja que guardaba en un zanjón, -hoy declarado sitio de interés cultural por las autoridades municipales de Cuenca- retuvo el ejemplar número 62 de la revista de 1943 -antes de Juan D. Perón- que le sirvió de ejemplo para comprar un artilugio parecido en Easy.


Como trata Paraguay a los hippies

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Chilavert calificó como “paranoica” la persecución de Stroessner contra los hippies, pero sus amigos prosiguen implacablemente la campaña anti-70. Los hippies no pueden salir del Paraguay y su situación en ella es cada día más precaria.

Por Miki Hauser

El 25 de septiembre de 1973, que acertó ser el primer día del Rosh Hazaña o Año Nuevo hebreo, los tres mil vecinos hippies de Asunción fueron despertados, poco después de medianoche, por grandes llamaradas que iluminaban el cielo con un resplandor poco reconocido. El Velódromo y la vivienda del portero del Planetario eran presa de un voraz incendio.

En verdad, el desastre no los tomó de sorpresa, pues no habían faltado los signos alarmantes: a la  profanación que había sufrido el Velódromo en repetidas ocasiones, se le sumaban los graffitis aparecidos durante las dos noches anteriores que, firmados por un comité anti faso, exigían “la expulsión de los hippies de la plaza de la libertad”. El esmero con que habían sido impresas las siglas J.L.CH. indicaban que la campaña era apoyada, sin duda, por el arquero José Luís Chilavert.

Las pruebas eran evidentes: poco antes del fuego, el diario Esvestia publicò una breve historia en estilo popular que siempre contiene una moraleja futbolística.  En la narración se presentaba a un audaz barbudo, de pelo largo, de mirada feliz y camiseta serigrafiada que defraudaba la confianza de su director técnico y cuyo nombre ficticio era “Peter Fonda”, lo cual lo calificaba como hippie.

Remontándose atrás en el tiempo, el año anterior a la tragedia, una banda de forajidos había golpeado brutalmente a Fito Paez , Charly Garcìa , Tinelli y Pimpinella, que se habían reunido para cantar en una casa de Caaguazù. En Amambayn rompieron 200 CD de Creedence y dejaron un aviso: “Empezamos con el Country y terminaremos con el Rock”. Por la misma fecha, en Itapuà aparecieron pasquines anti faso.

Cuando fuí a Comodoro Rivadavia, los editores me aconsejaron tener presente “llevar Genioles y sobretodo Kolynos”. Debía acercarme a la nieve y al hielo, para tratar de localizar los restos de un hippie desaparecido desde principios de año. Por fin, después de haber caminado casi la misma proporción de kilómetros como de Asunción a Paletoè, y desconcertado por lo que veía, hallé los restos de un arquetipo de 25 años descongelándose por el deshielo de verano. Una figura que se convertiría en emblematica para los amantes de los 70: Juan Domingo Perón Carajo.


Antes de suicidarse

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ANTES de morir, el 26 de agosto de 1991 Alfonsín habló conmigo y me dijo: “Miki, ni el Occidente ni el Oriente pueden utilizar hoy sus bombas atómicas sin desencadenar represalias instantáneas. En esta situación Beijing podría aprovecharse de su superioridad numérica, sino fuera por un factor muy importante: el sistema de ‘guerra nuclear táctica’” de Argentina, del que poco se ha hablado”.

Y prosiguió: “¿Miki, cuantos átomos podríamos juntar entre usted y yo, si quisiéramos? Y estoy hablando de solo nosotros dos, dos demócratas que se inmolarían por amor a la patria. Imagínese:40 millones explotando al unísono… ¡adelante radica… “

¡Estaba hecho mierda! Lo acompañé hasta la playa y le despedí. No fue nada emocionante. Por suerte llevaba mi Kodak Instamatic 110–regalo de la cuñada de Vivian Drake- y pude registrar el momento en que daba los últimos pasos.

Dijo antes de acercarse a la orilla: “Mi amigo, yo no puedo ser menos que mi hermana.”

Por supuesto se refería con ese gesto, a su hermana menor Alfonsina.

Regresé despacio, y reflexioné mucho sobre la vida. Me hospedaba en el hotel del Sindicato de Empleados de Comercio porque tenía descuento.

Curiosamente me recibieron, desde el conserje hasta las mucamas con un: ¡Viva Perón… carajo!

Todo, todo esto es absurdo, me dije.

Entonces salí nuevamente a  la calle. Quise huir de estos imberbes iconoclastas, algo inmaduros, y pasionales.

Vagué por el centro de Mar del Plata y entré a una Feria Americana.


Convocatoria de manifestantes, en dos lados a la vez

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No es fácil entrevistar a un manifestante que haya estado en dos protestas a la vez. Acudí a las dos convocatorias como colaborador del Washington Rini Ton, cámara en mano, grabador MP3 pegado con velcro en una de las hombreras de la chaqueta. Fijé mi objetivo en Roland Clemens, comunicado ilustre español, manifestante tardío de los que ya no quedan.
Clemens fue al Monumento de los Españoles no por estar interesado en los reclamos cuadrúpedos o la siembra directa de marihuana sin fertilizantes. El estuvo como investigador, ya que el famoso Monumento fue blanqueado con CIF, y eso, para un conservador del patrimonio, no podía ser pasado por alto.

monumento.jpgM.H: No tenemos antecedentes de este particular, con la excepción de la cabeza de Trajano hallada en Baelo Claudia -Cádiz- verdad?

R.C.: Si bien los estudios coinciden con esa hipótesis tan difundida, la realidad es otra. El producto (CIF) ya se supo utilizar en las tapas de la Enciclopedia Británica que guarda el Vaticano. De cuero de Alce, estaban tan deterioradas que se le daban por perdidas. Resultó ser una restauradora Paraguaya la que descubrió que esos componentes iban bien no solo con el cuero, sino tambien con otros materiales que sirvieron de placebo, como por ejemplo los azulejos del baño del Santo Padre.

M.H: Entonces debo entender que usted fue a la manifestación del campo un día después para ver como había quedado el Monumento a los españoles tratado con CIF?

R.C.: Aunque yo comulgo con la derecha radical y violenta -tenga en cuenta que nací en Mataderos y estuve en contacto directo con la selección y eliminación del ganado-, esta vez fuí como restaurador del C.O.Ñ.I.C.E.T, y mi tarea consistía en visualizar In-Situ la respuesta del producto limpiador.

M.H: Y entonces porque fue también al Congreso?

R.C.: Lo del Congreso es capítulo aparte, ahí no fui como restaurador sino como guardaespaldas de José Ignacio Rucci.

M.H: Pero Rucci murió hace tiempo, por lo menos treinta años!

R.C.: Mire, yo soy peronista, mi mujer es peronista, mi hijo es peronista -lamentablemente de izquierdas, si es que existe la izquierda peronista- mi madre es peronista, mi suegro, que aún vive, es peronista, y Betty, la que atiende el almacén, es peronista. Con esto quiero decir que si uno es, “no se hace”. Por lo tanto, no voy a seguir con su juego dialéctico, y caer en la banalidad de tal simpleza refiriéndose a un fallecido como “murió”, “dejó de existir”, “ya fue”. ¿Qué es eso?

Nosotros los Peronistas no asumimos las faltas en nuestro Movimiento, somos un déjà vu, políticamente hablando.¿Me entiende?

congreso.jpg

M.H: Para cerrar, ya que seguramente en la editorial recortarán el texto de la entrevista.¿Usted fue a la manifestación un día después  para ver la respuesta del producto blanqueador? Y  al Congreso como
guardaespaldas -según sus palabras- de José Ignacio Rucci?

R.C.: En realidad -y esto es una confidencia que espero no esté grabando- soy un saboteador tardío. He llegado un día después a la convocatoria en el Monumento y varios años después de la muerte de José Ignacio.

M.H: ¡Entonces?…

R.C: Lo siento, no tengo nada más que decir.

Este capítulo de la historia reciente forma parte de un breve encuentro con la casualidad y el destino. Un hombre se confiesa a si mismo, y ante otros. Un producto que simultáneamente desengrasa un monumento y una cafetera de aluminio. Un edificio, “el Congreso”, repleto de alborotados políticos, encerrados como pajaritos. Un nombre compuesto: José Ignacio convertido en una playa de Uruguay de esparcimiento peronista.