Quizás síntoma inculcado en nuestra ya lejana infancia, en donde el ingreso a la estación significaba, básicamente, un sinónimo de alegría, el verano ha sido, es y será, la época ideal para huir de la acaudalada urbe repleta obligaciones, en búsqueda de un poco de paz. Ya sea en la montaña, en el monte, en la sierras o en la playa, el grueso poblacional se desplaza ansioso por llevar a cabo un festín de consumo en donde se incluyen las bebidas etílicas, hits musicales execrables, teatro barato, y toneladas de helado.
Bien es sabido que, debido al régimen económico imperante, para llevar a cabo tal hazaña es necesario acceder a dos elementos fundamentales: dinero por un lado, y tiempo libre por el otro, situaciones incompatibles entre sí, ya que para tener dinero uno debe, en teoría, trabajar, lo que limita en extremo su posibilidad para el tiempo libre. Lejanas ya las épocas del Estado benefactor, en donde cualquier tornero de medio pelo afiliado al justicialismo disponía de un mes entero para huir con el chegusan de mila a la feliz, hoy el trabajador del rubro servicios se contenta con la posibilidad de huir diez hábiles, siendo los mas preciados los ubicados al final del primer mes del calendario gregoriano.
Pero claro, usted no es afortunado. Ya sea porque no dispone del sustento necesario como para pagarse tal suntuoso , o porque es lo que se conoce “el pichón” en la oficina y debe pagar derecho de piso tomando sus vacaciones en la última semana de marzo, vio, desde su escritorio, partir a la mayoría de sus compañeros, familiares, amigos y conocidos, mientras se preparaba para dos semanas de sopor y emboleen donde la programación televisiva deja bastante que desear, los films en exhibición no lo acompañan, y ni se le ocurra ir al teatro, un recital o siquiera un boliche, ya que estos se encuentran engrosando sus bolsillos en los complejos turísticos.
Y si bien dichos días han finalizado con usted al borde de una úlcera provocada por el estrés, debe enfrentarse ahora a una situacion mucho peor, a saber, el retorno vacacional de sus seres cercanos, bronceados, optimistas, descansados, sonrientes y con cientos de miles de anecdotas requetedivertidas.
Despreocupesé. Siempre atento a sus necesidades, Aargh ha recopilado un extenso catálogo de cuatro (4) paso spara enfrentar dicha situación y salir victorioso del refriegue. Porque, por sobre todas las cosas, queremos evitarle el síncope.
PASO NUMERO UNO: EVITAR
Bien es sabido que, conforme el vacacionante vuelve a la rutina diaria, se activa un proceso de disipación eufórica que conduce inevitablemente a una depresión. De orígenes psicológicos, dicho “shock distópico” posee un tiempo de incubación de siete a diez días, luego de los cuales el sujeto vuelve a su humor habitual.
De ésta manera, es aconsejable evitar todo contacto con dicho sujeto durante el período, para luego retomar la relación en forma casual. En otras palabras, desaparezca. Buenas opciones para llevar la tarea a cabo son manterse como “no conectado” en el MSN, no reponder los mensajes de celular o atender el teléfono de línea. Incluso, si es alguien de mayor cercanía, puede abastecerse de bebidas, alimentos y vicios que considere necesarios, eludiendo todo contacto con el mundo exterior.

PASO NÚMERO DOS: IGNORAR
Ya sea porque se trata de su pareja, familiares con los que convive o compañeros de trabajo, o porque no ha tomado todos los recaudios, la situación puede no resultar del todo efectiva. ¡Tranquilo! Si no puede transformarse en un anacoreta urbano, siempre se puede recurrir al viejo pero efectivo hermetismo. Hable poco. Haga abuso del monosílabo. Y, por sobre todas las cosas, no pregunte.
Evite mantener, siempre que sea posible, conversaciones del tipo abierto que se alejen de sus objetivos iniciales. En el caso de las amistades buena opción limitar el contacto a medios de tipo indirecto, aduciendo compromisos “impostergables” en caso de invitación. Intente cambiar rápido de tema. Por último, si se trata de un compañero de residencia o sujeto muy pero muy cercano, siempre puede escuchar un breve resumen mientras estimula su sistema nervioso con el azúcar contenida en la repostería turística. Si no le traen alfajores, muestresé ofendido.
PASO NÚMERO TRES: DESMERECER
Sin embargo, es normal que el sujeto experimente una felicidad incontrolable e intente forzar la charla. En estos casos siempre es posible desmerecer el viaje realizado. Por ejemplo, si se fue a cualquier ciudad de la costa, siempre es posible recurrir al “está lleno de gente”, “la playa es una porquería” o “eso no es mar, es río”.En caso de que el destino haya sido del tipo no alechonado, se puede recurrir al latiguillo:”después del tercer lago/museo/río/montaña/catarata/piringundín es todo lo mismo”. Incluso el viejo “hace mucho calor” seguido de “pero acá tengo aire acondicionado”, es válido como argumento

PASO NÚMERO CUATRO: DEPRIMIR
Siempre es posible que el vacacionante no esté poseido por la alegría, sino por el mas puro deseo de sentirse superior, y lo inste a tomar medidas mas drásticas que intenten acelerar la involución anímica que conduce a la depresión. Puede usted hablar de lo estricta que es la nueva administración de su recinto de trabajo, de lo dificil que está conseguir monedas, de lo caro que está todo, del calor que hace, de la falta de agua o los cortes de luz, la inseguridad, la violencia, los asesinatos, la inflación, el hambre en el áfrica, en el chaco, a la vuelta de su casa, el ineluctable colapso económico, el neoliberalismo, la compra de yahoo por parte de microsoft, los monopolios, la guerra como método de acentuar la desigualdad, la agenda política de los paises del primer mundo, la escasez de recursos, la destrucción del medio ambiente o el futbol.
PASO NÚMERO CINCO: ATACAR
En necesario considerar los casos extremos, aquellos en donde, a pesar de los movimientos estratégicos, el vacacionante continúa regodeándose con la tonalidad de su piel, su rejuvenecido estado físico, su equilibrio interno o las 25 minitas que se “comió”. La almas perversas e impuras nos codean a diario . La maldad mas absoluta existe, y con ella la única opción es relucir la artillería mas pesada. Aquella que ataca en donde mas duele. Aquella que pregunta si gastó mucho dinero, que hace notar esos kilitos de más o si indaga si le miraron mucho a la nena de quince. Una estocada que puede ser no solo verbal, sino también física. Y aunque los nudillos le duelan o sus prendas se encuentren bañadas en sangre ajena, de seguro le proporcionará un poquitito de felicidad.