Poemas Pelotudos
Oda a Grititos
por Monsieur Côtelette
¿Donde estás, tú,
Grititos?
¿Caminando, como siempre,
sonriente, por ahÃ?
Con tu voz,
perlada y astuta;
con tu suspiro espontáneo,
profundo y gentil.
¿Dónde estás?
¿Haciéndote el desentendido?
¿Mirando a otro lado
como si nada pasara?
Y con tu espasmo
fugaz,
deslumbrante e indoloro;
con tu susurro a mi oÃdo,
y yo haciéndome el desentendido,
por tu actitud obstinada.
¿Dónde estás,
con tu patines que tan bien piloteabas,
surfeando agitado, tirando patadas?
¿Dónde estás
con tus rulos crespos y tu ropa ceñida;
con tu mirada de rudo y tu garganta oprimida?
Gritando grititos.
Gritando a la vida.
Y ya no estás, Grititos.
Y tu silbido agudo,
tu explosión efÃmera;
los latidos corporales,
la electrocutación inconcienzuda;
tu bailoteo de miembros
y la obstinación absurda de mirar a otro lado
con una actuación burda;
continuarán por siempre, y por siempre.
Adiós, grititos, adiós
Adiós grititos, hasta nunca.





Antiguo Vecino, grititos patrullaba las calles y, de vez en cuando, dejaba salir su tic nervioso, un alarido agudo acompañado de un espasmo. Ello, sin embargo, no le impedÃa recorrer el barrio en sus rollers. De cruzarlo casi todos los dÃas, en el colectivo, en medio de la noche, de pronto desapareció, y no supe mas de el.