¡No es paranoia!

#7: La “conexión firmatense”

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En Firmat hay una hamaca que se hamaca. Así nomás. Parece que de repente, cuando se le canta, y sin aviso ni viento ni hilitos ni nada, empieza a sarandearse espasmódicamente.

Vecinos y autoridades hablan del espíritu de un niño que murió en los ochentas. El intendente anuncia que ordenará una investigación al respecto. Hay personas que inclusive dicen haber hablado con la hamaca. Pero se ve que nadie de nadie se acercó a ver si tiene atado algo, o si el caño de arriba se mueve con algún motorcito o algo por el estilo. De más está decir que todo esto resulta extremadamente sospechoso.

Frenético. Si ahí arriba hay un pibe, debe ser cuanto menos hiperactivo.

Lo que más llama la atención es que el intendente del pueblo se jacte de que la suya es “una gran gestión” porque la otra vez cayó nieve y ahora apareció una hamaca que se hamaca sola. Bajo el mismo razonamiento, con todos los problemas que hubo en Rosario después de la pedrada, en vez de gastar tantos fondos en reparaciones Lifschitz habría hecho mejor en contratar a un electricista que le ponga a dar vueltas algún bicibote por el Parque Independencia. Es más, después de la tragedia de Cromañón, no entiendo cómo los asesores de Ibarra no le recomendaron instalar un molinete de subte que gire solo en Diagonal Norte.

Sea como fuere, a casi un mes de la nevada mortal se nos revela la “conexión firmatense” del fenómeno. Presuntamente, el meteoro climático que nos afectó el pasado Día de la Independencia y que nos obligó a enfrentarnos a toda clase de horripilantes muñecos de nieve deformes (para no nombrar a ese otro ridículo que salió con los shores y la reposera a la vereda) no tendría su origen ni en el Proyecto HAARP ni en un ingeniero de Villa Luro. No, todo sería un astuto ardid del intendente de Firmat.

Carlos Torres, tal es el nombre del funcionario, habría contratado montones de avionetas repletas de bolsas de hielo partido para esparcir sobre todo su pueblo, volviéndolo así re-original y re-copado para el turismo de fin de semana. Pero aparentemente se le habría ido la mano con la escarcha y habría generado un “efecto catarata” en toda la zona central del país, con lo que Firmat pasó completamente desapercibido (más aún teniendo en cuenta al tipo de los shores y la reposera). Así, ya sin presupuesto y como un recurso desesperado -y francamente bastante berreta-, el Honorable Concejo de la localidad habría ideado el plan de ponerle un motorcito de siete voltios a las cadenitas de una hamaca, para por lo menos atraer a algunos paspados de Venado Tuerto o Melincué.

Otra que se me ocurrió es que capaz abajo de esa placita hay una base alienígena de “robots capullo” y que las vibraciones por las actividades de “ensamble” actúan justo en la frecuencia de resonancia de esa hamaca. Que a lo mejor tiene un chicle pegado en la parte de abajo del cuero y por eso es más pesadita y se sarandea solita y las otras no.

O sea, no sé si se entiende. Por favor.



Entonces...