¡No es paranoia!

#1: Willy Polvorón

por lemmycaution



Período de manifestación: Abril de 2007
Lugares, medios y/o formas de manifestación: Taringa!, Telenoche, programas varios de la Rock And Pop, nicks de MSN.

Mi historia en contra de la Sinarquía Masónica Internacional comienza, de alguna forma, con Willy Polvorón.

Fue una nochecita. En la cocina estaba el noticiero de fondo. Mientras tanto, cansado de los quehaceres diarios, yo me desinflaba de tanto día mirando páginas bobas y buscando a quién podía molestar en el MSN. A las voces de la tele, las que hablaban de él, las escuchaba pero no las oía. Entre clicks y links, vi que alguien ofrecía la discografía de él. Y al mismo tiempo, un compañero de la facultad me informaba en su nickname que “la vida es una sucesión de asados”.


Contenido. El tiempo es la sustancia de la que Borges está hecho.
El asado es la que conforma a Willy.

Quizá no fue así de instantáneo, pero más o menos de esa forma conocí a Willy Polvorón. Al ir enterándome un poco más de él, me resultó curioso que no era un personaje precisamente nuevo, y que tampoco parecía haber ninguna razón en particular para tan repentina explosión de popularidad. La parte de no haberlo conocido antes me tiene sin cuidado; hay miles como él a los que -por suerte- ignoro. En cambio, que en un día común y silvestre uno de ellos salte a primera plana por nada me resultó sumamente intrigante.

Willy Polvorón
Inexplicable. Así es el estrellato de Willy.

Es que personajes así difícilmente figuran con tanto peso fuera de los círculos del “entretenimiento bizarro”, esa especie de mercado de consumo completamente fortuito que generaron el Teto Medina, Emilio Disi y Alfredo Casero. Y eso que Willy Polvorón es más triste, tiene aún menos para ofrecer. El amplio anecdotario de su página web se vanagloria de momentos tales como cuando se confundió de sabor de empanadas, cuando trató a la novia de piñata, cuando el público le tuvo que recordar los acordes de un tema suyo, o de cuando ideó una forma de regular el sistema monetario latinoamericano (sic) escribiendo en un cuaderno de atrás para adelante. Al mismo tiempo, los títulos de sus canciones son del calibre de “Empanadas y Chorizos”, “La Tapita de Gaseosa” y “Cumbia de la Morcilla”, y para interpretarlas muestra aún menos vuelo e inspiración que los que tuvo para darles nombre. En otras palabras, cuando canta raja los vidrios. Y sin embargo, en unos pocos días aparecía en el noticiero, sonaba (“sonaba”) en las radios, le rendían culto en Taringa!, y su evangelio era esparcido por los sistemas de mensajería instantánea.


Bizarro. Al tipo le gusta el vino.

¿Cómo se explicaba, entonces, tamaña explosión? ¿Gran triunfo del marketing? No lo creo; su breve estrellato parecía más designio de Fernando Peña y de los foros de internet que brillante plan articulado por unos Argullas y Baccelis. ¿Riqueza musical? ¿Carisma? Definitivamente no. ¿Acaso estaba él casado con algún productor de televisión que le permitiera figurar en cualquier lugar aún no habiendo trabajado en ningún lado por años? No, mi investigación arrojaba que Willy no era gay ni se hacía photoshopear las várices para propagandas de lencería. Acá algo pasaba.


Adrián Suar. El actor y productor no sería el marido de Willy.

Porque si un caso es casualidad, dos son coincidencia y tres son acción deliberada, entonces cuatro apariciones simultáneas conforman sin dudas una teoría conspirativa. Y así, desde abril último Los Polvorines pasó a figurar, junto a Washington, Jerusalem, la Atlántida y el Dorado, en los grandes mapas de los oscuros acuerdos entre las organizaciones que mueven desde las sombras los piolines de nuestras vidas.

Lamentablemente, nuestra posición es desventajosa. Imposible esbozar explicación alguna con la información que tenemos. Por ahora no podemos sino estar atentos y no perderle pisada a este siniestro personaje.



Entonces...