la historia histérica

Jupiter

por Miki Hauser



Miki Hauser en los años 60 viaja a Júpiter con su mascota en busca de una fragancia que mejoraría la calidad de vida de todos los terráqueos. Un simple olor, que podría mantener estupefactos a la especie.

Relato extraído del libro SOS Stradivarius de Miki Hauser
Mala traducción al castellano de Gaucho Sosa. Bogotá, Colombia.

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Llegué a Júpiter.

Bajé de la nave con cierta cautela y cierta dificultad por eso mismo. Con pasos cortos bajé por la escalerilla de la nave Wester Unión cedida en este caso para el viaje.

Miré desde lo alto el polvo que había en el suelo del planeta. Eso hizo que mis piernas se lo pensaran un rato para dar el siguiente paso y darle a cada uno de los pies el impulso apropiado, concretamente: un tempo. Algo así como ochenta negras por minuto.

Pero en segundos estaba apoyado en el Planeta Júpiter. Había jupeterizado en una planicie acolchonada, homogénea, más compacta que la harina Blancaflor y de color naranja.

Entonces me dije: -¡estoy en el horno!-

A veces soy inmaduro en mis reflexiones. Los psicólogos que han estudiado mi psiquis antes del viaje, para ver si era apto o no (los exámenes de los facultativos son poco fiables porque pertenecen a la Obra Social de la NASA) coincidían en este tipo de diagnóstico.

En un informe al que tuve acceso por casualidad, se decía de mí lo siguiente: “el paciente Miki Hauser, Código NAS52 d JP (eran el lugar donde pertenecía el afiliado, el año de su nacimiento, y si el nacimiento había sido antes de Perón, o después. Cosas administrativas que vienen a cuento para situar mejor al lector) responde al test del laboratorio Roche rompiendo la mina del lápiz provisto… Solo se logra contener si le damos una amoladora”…

En otro ítem, dicen: en los ejercicios “Falta de Gravedad 1 y Falta de Gravedad 2”, el paciente responde perfectamente a los estímulos, pero es imposible sacarlo del techo del laboratorio”…

Por su parte, la Dra. Eisenhauer, psicóloga nutricionista del Departamento de Estado, luego de revisar a MHCNA52dJP, elabora un breve informe en el que señala la necesidad de una dieta a base de carnes, pescados y verduras, acompañadas con buenos vinos y queso y dulce. Para lo que indica eliminar las papillas, y los jugos acostumbrados en los viajes espaciales. Sugiere construir una parrilla y horno de barro cerca de la cabina de mando”.

¡Yo inmaduro!, me dije, con la luz del sol a mis espaldas, mientras sacaba mi órgano sexual masculino, poniéndome a mear.

¡Qué alivio!… sentí. Es que fueron cerca de nueves meses sin poder hacer pis como Dios manda!Por supuesto que agradezco el pañal que me dieron pero no he nacido para sentirme mojado mucho tiempo, y menos en mis partes.

Entonces estaba en la gloria.

Meando en el polvo de Júpiter, haciendo tierrita o barrito en ese lugar de los cojones, y me daba igual si alguien me veìa con un telescopio. ¡Qué placer!

Ni siquiera los rusos estaban.


A Júpiter fui con mi perro “Whisky”. Ese fue el acuerdo que hice con Houston. Iría con mi perro sí o sí. No era tema para discusión.

En todos los viajes llevaba mi mascota. El era, mi tercer olfato. Olía un pez a 500 yardas, una vaca a 50.000 y un pelito ni se sabe a que distancia estuviera alojado, que él descifraba su código genético y movía la cola para los costados cuando era…Bueno, ya está bien de información ultra secreta.


Caminamos juntos unos cien metros de la nave. Nuestras sombras hacia adelante, larguìsimas, imponentes.Ambos íbamos en busca de ese olor que sólo la Agencia y nosotros sabíamos que existía aquí.

Cuando llegamos al Mar de las Casualidades, el Sol ya estaba frente a nosotros. Había pasado un día desde que emprendimos la marcha, sin embargo para mí y Whisky solo parecían haber transcurrido veinticuatro horas.Me senté en la playa y pedí a la base que me pusieran un tema de los Beach Boys, o en su caso la presentación de la película Top Secret. Las olas estaban detenidas en el espacio ingrávidas. Podía tocar cada una de ellas y jugar con el aumento y la magnificencia de las gotas.


Pensé mucho mientras miraba la Tierra desde donde estaba. La Tierra, un punto brillante allá a lo lejos. Me acordé de la calle Libertad esquina Sarmiento…¡Libertad y Sarmiento,què verso!; en la Gioconda, si su sonrisa se debía a que estaba embarazada o que había comprobado que no lo estaba ; en esa frase categórica de nuestro presidente: “Desayunémonos como reyes, almorcemos como príncipes, pero cenemos como mendigos”;y la última que pense: ¿Será la Guayana Británica otra Cuba?


Habrían pasado unos minutos cuando mi perro ladró y por los auriculares sonó otra música, el Also Sprach Zarathustra, al tiempo que se aparecía un animal. Era un mono o ¿un sindicalista?

¡No!, era mono.

Se detuvo y comenzó a golpear con el fémur de un Tapir el suelo y sobre su esqueleto. Cuando lo soltó por los aires, el hueso se transformó en una ciudad espacial con forma de anillo. Era la base ¡Stanley Kubrick!


-¡Que flash!-, dije.


Vagué, vagamos. Whisky tenía hambre. Le di un concentrado de pollo, jamón de jabugo, huevo y arroz integral, del tamaño de una nuez. Me miró con asco y resignación. Estábamos acostumbrados a comer lo mismo en la Tierra: ¿Porqué no hacerlo en Júpiter?

En el camino, nos cruzamos con un visitador médico, iba con traje de astronauta y corbata. Una mezcla de cirujano prolijo y vendedor de seguros con casco. En seguida vimos un cartel que decía: “Mirador de la Polenta Mágica”, y aconsejaba no estar más de un minuto ante el paisaje, por las dudas.


Al fin llegamos. Era un lugar rodeado de cascadas de agua pura, pájaros multicolores, flores esplendidas mezcladas con verdes y turquesas Navajos, iluminado por dos soles y una llena de plata vibrantes.


-¡Qué flash!- dije.


Whisky comenzó a sacudir su cola como un reloj de péndulo y supimos al instante que el olor que buscábamos estaba justo detrás de nosotros.Salía de una montaña de alrededor de cinco metros de diámetro y treinta de alto. Tomé una muestra que pronto fue analizada por la computadora y el resultado fue alentador. Habíamos encontrado un yacimiento de veinticinco millones de toneladas de mierda de Iguana Espacial.


-¡Qué flash!- dije

*En los EE.UU., a la mierda de Iguana Espacial la denominaban Oxido de Uranio, con lo cual se podía generar cantidad de Centrales Nucleares, un perfume de 700 kilos de pedo por cm2 y cientos de puestos de trabajo.

Ya fue…

Seguimos caminando con Whisky en busca de otra historia y pensando como regresar a la Patagonia sin el medio que nos había traído. Ese trabajo no era para nosotros…y nos mandaron a tomar por culo desde el mismo Orlando.

*Los editores lamentan esta mala traducción y el cambio de sentido del relato de Miki Hauser, pero ya le habían pagado al colaborador y no daba. De todas formas Miki Hauser no quería regresar a la Tierra, y paso mucho tiempo caminando sobre las aguas quietas del mar.



2 Callate en “Jupiter”

  1. mili balbuceo:

    como siempre,magistral.

  2. fu balbuceo:

    ¿se presentará el gran Miki Hauser en estas elecciones?

    NECESITAMOS DE UNA CANDIDATURA TRANSCENDENTAL.

Entonces...