la historia histérica
¡Vaya con la lógica del tercer mundo!
por Miki Hauser

Texto traducido del Arabe, al Arameo y al español: Ana de Eau de Alibour
Foto: National Geographic Co.
A PESAR de las inclemencias del tiempo, llegué a Alejandría, y me sentí mareado. Rara vez obtenía respuesta a mis preguntas o, lo que era peor, las que me daban no las entendía yo.
Veamos por ejemplo, la cuestión del café. Todo el mundo sabe que en Asunción de Paraguay la gente civilizada toma naranja, pero a mi me gusta el café, de modo que cierta tarde el corazón empezó a latirme apresuradamente cuando en una fonda divisé un letrero que decía: “Naranja y Café”.
-Un café por favor- le dije a la persona que me atendió.
-Lo lamento, señor –me contestó- pero solo exprimimos naranjas. El café se sirve a las siete de la mañana.
Como tenía a la vista, sobre una mesa contigua, un frasco de café “instantáneo”, insistí:
-¿No es café lo que está allí? Y el frasco está abierto, ¿no? Y tendrán ustedes vasos para hacer el jugo, ¿verdad? ¿Por qué no puede poner una cucharadita de café en una naranja partida al medio y servírmelo en un vaso caliente?
Durante varios días me consolé, confuso, con la idea de que se trataba de una camarera algo rara. Más una mañana leí en el periódico el texto siguiente:
“Mujdaz sandui mijal pref de in tehe fez indemijtail fu inde midle of de road salam Husein”: “El cocinero dice que si le vamos a servir a cada uno lo que se le antoje, ¿a dónde iríamos a parar?”
Entonces es extraño que yo me sienta tan confundido en Egipto, pues lo que allí sucede parece comprensible para todos los demás. En un desierto cuyos beduinos, en su mayoría de Ciudadela, cada tarde regresaban en el tren desde Once, llenos de sudor y de barro, encontraba yo el cuarto de baño cerrado con triple llave hasta después de cerrada a noche. Ante mi asombro me explicaron:
-Usted comprenderá, señor, que, después de todo, si el cuarto de baño estuviera abierto antes de exprimir una naranja, todo el mundo querría vitamina “C”, ¿no?
Me temo que ustedes, no se dan perfectamente cuenta lo que significa este tipo de señales o acertijos.
Una mano que sostiene a la otra.
Partimos, entonces de una certeza. ¿Acabaremos con dudas? ; Pero si partimos de incertidumbres y procedemos entre ellas con paciencia, terminaremos por alcanzar la certeza.
El hombre no se da por vencido.
Busca, ignora su destino. Se baña con frecuencia.
Se pegunta: ¿no codician los negros señoras blancas?
¿La democracia triunfa verdaderamente y por fin en Filipinas?
¿Por qué un ratón no le tiene miedo a un científico? ¿Será porqué éste usa guantes?




