El Ilustre Desconocido Ilustrado

Sir Harkshire

por



“Donde esta mi maldito elefante, Perkins!” Grita por enésima vez Sir Harkshire, furibundo. Gira en círculos, nervioso, esperando a que su empleado se presente. El sudor resbala de su cara grasienta. Un vapor nauseabundo determina una circunferencia alrededor de su cuerpo. El calor de la selva africana muestra su peor carácter.

Bebe su segundo whisky rápidamente, y golpea el suelo con su bastón de marfil. “¡¡Perkiiins!! ¡¡¡Perkiinss!!!”, grita nuevamente, histérico. Recorre la sala dando saltitos, hasta toparse con el largo espejo que habita en la pared inferior izquierda, en donde se detiene. “Este traje evidencia lo mejor de mi figura. Evidentemente los años han puesto en mí una sensualidad encantadora”, medita, acomodando su sombrero de copa, rotando sobre si mismo para verse desde distintos ángulos. Se desplaza nuevamente a lo largo de la sala y se dejo caer en su silla. Sirve nuevamente su copa, y la bebe con euforia. “¿Percival, acicálame!” ordena a su chimpancé mascota, que comienza a despiojarlo con sus dedos hábiles.

Almidonado por la desparasitación, toma su pluma de marfil y comienza a dibujar naves espaciales, ensimismado. Los fluidos corporales provenientes de su nariz chorreante y su boca espuma manchan la hoja mamarracheada. Feliz, cae profundamente dormido.

A su lado, Perkins observa sonriente como las drogas han producido el efecto deseado, y procede a tomar del bolsillo interior de su saco el bisturí con el que realizará la biopsia de masa encefálica. Una vez hecha la extracción, acciona su conversor molecular, mutando hacia la forma de su supuesto jefe, ocupando el rol del respetado Sir Harkshire, uno más en la larga lista de sujetos claves para lograr la tan ansiada invasión espacial.



Entonces...