El Ilustre Desconocido Ilustrado

Ombrofobia

por



Juan Bautista, neurótico infalible, fóbico a la lluvia, corre desesperado, acosado por la terrible tormenta que lo. Su paraguas, traicionero, amotinose dos cuadras atrás, abriéndose por demás en un principio, haciéndose añicos al final. Juan Bautista esquiva charcos, aprovecha todos los techos y cornisas posibles por nimios que sean, e incluso llega a compartir paraguas con una anciana que lo mira aterrorizado, siempre huyendo del repugnante océano vertical que desciende desde el cielo, y que amenaza con darlo vuelta y ahogarlo.

Una vez en su casa, empapado pero a salvo, se desnuda rápidamente para meterse en la ducha. Disfruta de las miles de gotas cálidas que lo salpican, se siente seguro y conforme. Su temor se había alejado, y se encontraba a si mismo radiante, dicharachero, chocho de la vida.

Gozoso, sale de la ducha y toma un café con Marta, su esposa, administrativa fracasada y resentida con el mundo que la rodea quien, ante tal alarde de alegría, le hace notar que, en definitiva, la ducha no es otra cosa que una lluvia artificial a distinta temperatura.

Desde ese día Juan Bautista toma baños de asiento. Se separó de su mujer.



Un callate en “Ombrofobia”

  1. Tomás Münzer balbuceo:

    Oh no, he descubierto que tengo una Marta interior. Miren qué bueno soy que les doy pie para pegarme, y que me llamen Marta :P

    De pronto le agarró un ataque metafórico??? Digo: “huyendo del repugnante océano vertical que desciende desde el cielo”. Muy bueno.

Entonces...