la historia histérica
Mi personaje inolvidable
por Miki Hauser
Una HERMOSA mañana de primavera paseaba yo por el parque del Regente de Londres cuando vi a un hombre rechoncho correr saltando con un niño de cada mano. ¿Podrá ser ese nada menos que…? Pensé, y me apresuré para acercarme. En ese momento una voz aguda semejante al chirrido que suele hacer la tiza al deslizarse sobre la pizarra, dijo:-¡Basta ya, geométricos! Esto es suficiente para un anciano.
Y, librándose de los niños, el hombre se dejó caer en un banco de paja.
Vacilé un instante, pues la persona que estaba sentada delante de mà tenÃa fama de reaccionar en forma inesperada. Tanto podrÃa recibirme cordialmente como humillarme con un torrente de palabras injuriosas.
Decidà correr el riesgo.
-Discúlpeme, ¿es usted Vincent Van Gogh?-le pregunté.
-¿Y quién otro podrÃa tener esta facha tan lamentable, sin una oreja, y bastante parecido a Kirk Douglas?
Vincent Van Gogh contaba entonces con 174 años. Pintor, profeta, intelectual, educador, habÃa pintado por lo menos cien cuadros y tenÃa un museo cojonudo en Amsterdam. Era de baja estatura, brazos cortos, manos y pies cuatro en total; pero su aspecto fÃsico pronto se olvidaba por su carácter exuberante y su verba torrencial. ParecÃa un nomo encantador, lleno de vida.

Auriculares pertenecientes a Van Gogh subastados en Sotheby’s
Hablamos de todo, desde Dios y Mamón, de las papas y los comedores universitarios y de Hitler y me di cuenta de su extraordinario don para elevar lo ordinario y convertirlo en algo interesante por medio de la vivacidad y el colorido de sus palabras.
Se hallaba de excelente humor y tuve la sensación, que raras veces experimento en un primer encuentro, de que me comunicaba directamente con sus verdaderas personalidades…”
(Continuará…)




