El Ilustre Desconocido Ilustrado
Lo que mata es la humedad
por Monsieur Côtelette
“Pero que calor, che”, medita Rogelio mientras intenta despegarse sutilmente el uniforme ceñido al cuerpo, adherido como ventosa. Los pantalones de invierno le aprietan por demás, y no dejan lugar a la imaginación; las borceguíes no permiten que el pié respire, y para colmo se olvidó de ponerse talco. Gotas de sudor descienden de su calva autoinducida, antes conocida como “mas entradas que el Maracaná”, y bordean sus mejillas grasientas, atorándose en la papada inflada. La cara de piedra, seriedad profesional le dicen, ya es inmantenible, y la espalda se arquea de a poco, cada vez mas, producto del peso de la itaka de los años 60.
Incapaz de abandonar su rol, Rogelio sueña con un vaso de cualquier líquido. Pero sabe que no lo conseguirá. A dos metros apenas, una botella de dos litros y cuarto de gaseosa sabor pomelo lo tortura sutilmente. Podría pedirle un trago a las autoridades de mesa, a quienes envidia por estar despatarrados en una silla. Pero no, prefiere que se lo ofrezcan de buena gana antes que obtenerlo a regañadientes.
El problema es el mismo de siempre, piensa. El uniforme emana desconfianza. Rodeado de gente, Rogelio respira la soledad propia del gendarme. Los fiscales, celosos y vulgares, se relacionan solo entre ellos; los presidentes de mesa no dan pie con bola y le hacen el vacío. ¿Y los sufragantes? ¡Ja! Apenas lo miran, y quienes lo hacen solo le dedican una ojeada cargada de repulsión, a pesar de que haya acercado la urna hasta la puerta o haya informado de la ubicación de la mesa 2540. Incluso uno de ellos, luego de obtener respuesta, le hizo el saludo militar en tono burlesco. El único amistoso es el cabo primero con quien cruzó unas palabras a tempranas horas de la mañana, pero éste también se encuentra oficiando su rol de protector en la entrada de la institución educativa.
Rogelio mira la hora por enésima vez en el día. Las doce y cuarentaycinco, y ya le duelen los pies. Un trago de saliva desciende por su garganta rasposa, mientras seca el sudor de su frente. Solo es cuestión de enderezar la columna una vez más, y continuar disfrutando de la fiesta democrática.





nooo, muy pero muy bueno! le pusiste palabras a algo que me gusta observar e imaginarme mientras hago la cola para votar. muy lindo!!
Excelente retrato del heróico Rogelio, que armado hasta los dientes, ni siquiera debe preguntarse si alguien lo necesita realmente…
Vió Monsieur Côtelette? Hay laburos peores que el nuestro.
Muy buen retrato
[...] Primera Parte [...]