El Ilustre Desconocido Ilustrado

Jean-Luc

por Monsieur Côtelette



¡Óh Jean-Luc, prócer entre próceres, sorpréndenos con una de tus inventivas! ¡Eres tan creativo, tan fugaz pero inteligente! Bebe una copa mas, muchacho. Podrías beber todo nuestro brandy y te lo perdonaríamos. Solo pedimos que, a cambio, nos deleites con una de sus siempre fantásticas anécdotas. Esas que sacan a relucir toda tu sagacidad intelectual. Si Jean-Luc, bebe de nuevo, bebe todo lo que quieras. Pero no calles, no importa tu embriaguez. No nos importan tus palabras deslizantes, pues dotan a tu voz de exotismo; tampoco molesta tu aliento a licor: es un perfume para nuestro vulgar epitelio olfativo. Empalaganos con uno de tus comentarios mordaces, y gira el rostro levemente al costado. Oh Jean-Luc, esa barba de tres días sienta tan bien en ti. Te da un aire despreocupado, tan elegante y casual a la vez. Por supuesto, un perfil encantador. Y los cigarrillos que fumas, Jean-Luc, siempre gitanes y nunca parissienes, que cuando los colocas en tus labios dedicas a sorber. Lo sabemos, disfrutas del sabor de la nicotina adherida en tu paladar. Y lo entendemos, porque tu boca es perfecta. Continua, Jean-Luc, sedúcenos con tu encanto, eclípsanos de goce. Pero, oh, Jean-Luc, no sonrías por favor, no con la boca abierta al menos, pierdes el encanto. Los restos de ciboulette atorados entre tus dientes no sientan nada bien en ti.



Entonces...