El Ilustre Desconocido Ilustrado
Instrucciones para bajar un escalón
por Monsieur Côtelette
Gladys acomodó su vestido, colgó la cartera de su hombro derecho y salió por fin a la calle luego de varios años de enclaustramiento. Gladys era una abuela con una misión: comprar un bife de chorizo para una sobrina residente en el exterior que decidió visitarla inesperadamente. Cerró la puerta de calle y giró sobre sà misma, insertando la llave en la cerradura y dando una vuelta primero y otra después. Sintió la luz de un sol de mediodÃa que la cegaba por culpa de haber vivido a prácticamente a oscuras durante años, y el olor primaveral que emanaba de los árboles en esa época del año.
Gladys calculó la distancia y fuerza necesaria para dar el paso definitivo que la alejarÃa de su hogar: Bajar el escalón. Decidida, aspiró profundamente y se lanzó con su pie derecho al vacÃo de quince centÃmetros que la separaba de la baldosa sucia y floja. Su pie cayó estrepitosamente fuerte, y tuvo que sujetarse del picaporte para no perder el equilibrio. Salvada del peligro por un azar del destino, solo le quedaba poner al mismo nivel su pie izquierdo, el mas difÃcil, el de la ampolla en el dedo gordo.
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dibujo de Doña Florinda
Descansó unos breves segundos en esa posición, puesto que el esfuerzo realizado habÃa sido agotador. Resopló un par de veces preparándose mentalmente para semejante contienda, y analizó las tácticas de descenso del otro pie. Optó por la menos cansadora, puesto que sus músculos atrofiados ya no respondÃan como antes. Armándose de coraje, arrastró su pierna hacia adelante, siempre hacia adelante, para dejar que la gravedad hiciera la mayor parte del trabajo.
Su pie cayó a la par del primero, reventando la ampolla del dedo gordo. Adolorida pero corajuda, abatida pero entusiasmada, lo peor ya habÃa pasado. El peligro habÃa quedado atrás. Solo faltan cuatro cuadras hasta la carnicerÃa.




