Diálogos por elevación
Alimaña
por Monsieur Côtelette
(El protagonista, bolsa con gaseosa y un cuartito de pan en mano, arriba a la entrada del edificio. A punto de abrir la puerta, descubre sorprendido a una rata acobijada en la esquina que sirve de bisagra. Deseoso de entrar a su hogar, el protagonista golpea con su pie el recuadro de madera; improvisa un zapateo en las proximididades del roedor: este último no se mueve.
Azorado, analiza la situación, y decide arrojarle algún elemento a la alimaña. El problema radica, entonces, en que arrojarle, puesto que sus bolsillos están vacÃos, la gaseosa podrÃa provocar la rotura de algún vidrio y el pan, bueno, el pan se tornarÃa incomible. Observa entonces los canteros aledaños, vacÃos. Observa también a la rata, que le devuelve la mirada. El protagonista sale de la escena, dispuesto a encontrar su proyectil.
Es en ese mismo momento cuando llega al lugar una mujer de cabellos rubios cenicientos, promediando los cincuenta que, con andar vertiginoso, obvia la presencia del roedor.
El protagonista retorna a la escena con la bolsa de vianda en una mano, y una lata vacÃa de cerveza en la otra).
- Señora.
(La mujer revisa su cartera).
- Señora.
(La mujer toma la llave y está a punto de abrir la puerta).
- ¡Señora!
(La mujer finalmente oye los gritos, y reacciona asustada. Deja caer las llaves, que aterrizan a milÃmetros del roedor, y gira sobre si misma, exigiendo una explicación).
- (Señalando) Señora, tenga cuidado, hay una rata.
- ¿Eh? ¿Qué? (La mujer vuelve a voltear y dirige su mirada al suelo. Al instante, pega un alarido acompañado de un olÃmpico salto tres escalones abajo)
- Le estaba gritando, pero no me escucho…
- (Silencio)… Si, estaba distraida.
- Si, suele pasar.
- …
- …
- ¿No lo vas a echar?
- ¿Yo?
- ¿Y si, si no sos vos quien lo va a hacer?
- Si, ya intenté, pero no hay caso. No se quiere mover.
- A ver, probá de nuevo.
- ¿No me cree?
- Si, si, pero por las dudas
(El protagonista vuelve a golpear la puerta y a zapatear sobre el cerámico. El animalejo no se mueve).
- ¿Vio?
- ¿Y ahora?
- No sé, justo cuando usted llegó yo habÃa ido a buscar algo para tirarle. Encontré esta lata
- ¿Pero como les vas a tirar algo? ¡Pobre animal!¡Lo vas a matar! ¿No se te ocurre otra idea?
- No, la verdad que no… Igual no creo que la mate… es liviana la lata… se la tiro despacito, como para que se asuste nomás.
- Y bueno, si no queda otra… Esperá que me pongo a resguardo (Tomando distancia excesivamente prudencial) Listo.
(El protagonista apunta meticuloso. Recuerda las clases de basket en el secundario. El enfoque puesto sobre el punto al que se desea asestar; la medición del peso del objeto a lanzar. Luego de interminables segundos, lanza. La lata da de lleno en la cabeza del roedor, el cual pega un chillido y se agita temeroso en un par de espasmos. Pero no, no se mueve de su lugar).
- ¡Que bicho hijo de puta!
- …
- …
- Me parece que tiene la cola enganchada con la puerta (Chequeando) ¿Sabes que si?
- ¿Y ahora?
- Y ahora tendrÃamos que abrir la puerta
- Esperá. (La mujer toma el teléfono celular del bolso y realiza una llamada, inaudible para el protagonista). Ya está.
- ¿Ya está que?
- Lo llamé a mi marido. Ahà baja.
- Ah…
- Claro, asà cuando el abre la puerta, el bicho se suelta y nosotros no nos arriesgamos a que nos contagie rabia, o algo por el estilo
- …
- …
- Que cobardes, ¿no?
- No te lo permito, eh.
- No, decÃa nomás.
- Y… es que es muy grande.
- Si, la verdad que si.
- Y esas colas largas que tienen… Dios mio, que horror de bicho.
(Finalmente baja el marido, que desde el otro lado de la puerta observa la situación. Su mujer le señala la ubicación espacial del animal que, cuando el hombre abre la puerta, sale disparado para el lado contrario).
- Gracias mi amor.
- Gracias
- No, de nada.
- ¿Suben ustedes?
- Si, si.
(Los tres personajes suben al ascensor. La mujer presiona el octavo, sin consultar).
- ..Yo voy al sexto.
- Ah… perdón, es que con tanta cosa me quede asustada.
- No, no se preocupe. Total…
- Eso te pasa por llamarme cobarde.
- ¿Que? ¿Le dijiste cobarde a mi señora?
- No… dije que eramos dos cobardes.
- Ah… si, eso si, puede ser.
- …
- Buenas noches.





MMMMM, es bueno , es bueno, Me imagino que debe haber contado la rata a su llegada al cubil y a su señor ratón…
que ascensor
!
qué animalejo más amigable, el marido.
Queremos leer la version de la rata.