Hace días paseaba distraídamente por el Parque Güell con mi perro Whisky, bautizado así por mi hija, ya que fue su abuelo quien le había regalado la mascota, y fue lo primero que ella dijo cuando le vio aparecerse en el pasillo de la casa, haciendo zig-zag. Me refiero al abuelo…
Paseaba distraídamente por el Parque Guell cuando de repente comencé a ver en el cachorro gestos de mi padre: Mas severo que de costumbre se puso muy molesto en un momento cuando le hice unas caricias, y lo más significativo: ¡Tenía muchas ganas de hacer varios pis!. Mi padre, en los últimos años solía ir varias veces a vaciar su vejiga y refunfuñaba de ese trámite obligatorio.
Así, que me dije: Las almas entonces, antes de dejar el cuerpo que habitan, ya saben en que cuerpo seguirán el ciclo eterno. He aquí que con total seguridad al morir mi padre, su espíritu se metió en el cuerpo del perro. Las razones, innumerables: como el animal ya está viejecito forma parte de una transición a una nueva reencarnación en persona. ¿A quién habría elegido mi padre, el abuelo de mi hija, esta vez?

Pregunta sin respuesta. Y así, ante una pregunta sin respuestas, nos hallamos ante lo recientemente divulgado por la Society Cience of Mantrul (Ohio), en donde por una mayoría absoluta,19 votos sobre 20, los Secretarios Generales de los veinte países más iconoclastas del planeta propusieron una verdadera cacería de espíritus. “Las almas y los espíritus que vagan sin encontrar un ‘envase’ que los acoja, ya sea que lo hagan por propia decisión, porque hayan perdido la credulidad en los otros, o simplemente, porque no han encontrado aún lugar confiable para habitar, son ideales para hincarles el diente, es decir, encapsularlas”. De esta manera definía Erwin Anfaire la política de los perseguidores “de almas ajenas”.
En consecuencia, un grupo de religiosos debidamente seleccionados, dotados de trajes especiales y simbología externa, van por el mundo tratando de interceptar almas libres. Una vez que lo consiguen los identifican con un amuleto, haciéndoles un marca, y hasta incluso alguno de ellos les quitan un pellejo.
Seguro que cualquiera de vosotros alguna vez habéis visto que una copa se mueve, o que unos cubiertos de plata hacen un ruido de campanitas dentro del cajón, y no os habéis atrevido a divulgarlo.
Pues ahora cuando pases por ese momento difícil de tu existencia, puedes llamar al *2222 –recuerda es muy fácil, dos patitos dos patitos- y un secretario a sacerdocio de SoCOM os atenderá y enviará con urgencia un representante. Pero atención, no vayáis a creer que toca a la puerta enseñando una credencial. No, son enviados especiales: amigos, o conocidos, o conocidos de conocidos. En la calle, en el Super, en la casa de quiniela, cualquier sitio puede ser el apropiado para interceptarte, y dotados de sorprendentes artimañas que los caracterizan se incorporan a tu vida para estar muy cerca, en primera fila del fenómeno.
Y un consejo: no dejes de prestarle atención a los gatos. Ellos y los cubitos de la hielera emiten un sonido incomprensible que denuncia la presencia de almas libres vagando por tu casa, jardín o apartamento. Unos para interpretarte; otros para tomarse unos Whiskys “on the rocks”.
Descuida, nada menos que mortificarte con este Publi-reportaje. La verdadera razón es que si le haces caso a tus sentidos, es como mejor recuperarás para ti un alma libre que se incorpore en tu destino.
Aprovecha es el momento!
Fuentes consultadas: J.Perón, Gardel y Le Pera, Benny Goodman y orquesta, Miki Hauser’s pathers, Carlos Monzón y Karl Young “el jóven” . Con la ayuda y colaboración del Vicario de la Ciudad y el Rabino Tagore de la CoCOM. Agradezco también a: Mr and Mrs, Uberi de Onoa por haber cedido su casa para una experiencia de cacería.