Monsieur Côtelette

Monsieur Côtelette solía ser Señor Chuletas, hasta que un día descubrió que en francés todo suena mucho mas sofisticado. Sueña en Binario.

Mandele un email y hagalo feliz


Diálogos por elevación
Canes


(El protagonista está por subir al ascensor cuando escucha ruidos. Voltéa y observa a un hombre promediando los cincuenta con dos pekineses hiperactivos).

-Un momento, por favor.

-Hola que tal.

-Hola. ¿A que piso vas?

-Al sexto.

(Los pekineses comienzan a saltar sobre las piernas del protagonista, que pone un poco de cara de asquito).

-No, no te preocupes. Son buenitos, eh!

-Ah.

(El protagonista se quiebra. Los perros, si bien son bastante feos, parecen amigables. En consecuencia, los acaria un rato).

-Hola, hola, lindo, si, bueno, tranquilo, tranquilo…. (Al dueño). ¿Son cachorros, no?

-No, no. Tienen como cinco años. Son de mi señora…. Bueno, eran de mi señora…. (con un hilo de voz) Falleció el año pasado. Enfermedad terminal.

-Ah… Lo siento.

-No, que se le va a hacer…

-…

-…

-… ¿yyyy como se llaman? Los perros, digo.

-Ah, si. El marroncito es Piki. El blanquito Muki.

-Bueno, acá me bajo. Hasta luego. Chau Piki, Chau Muki.

-Que la vida te sonría, hijo.

-¡Arf!

-Gracias. Hasta luego.


Immarghenes
P(L)OP


Videla Pop

(tip: click a la imagen)

Update: Muy pronto, bajate el ringtone remixado con el “te voy a matar con mis propias manos” de Cecilia Pando


El Ilustre Desconocido Ilustrado
El Anciano


Psique neblinosa y la boca una gran colilla a las 14 del día domingo. El mareo del mal descanso se mezcla con un ron cubano gorgojeante que amenaza salir por el tracto por el que entró la noche anterior. El anciano recoge la hedionda ropa con vahos etílicos y atraviesa el umbral de su hogar, lanzado a la empresa adquisitoria de sal y cafeína. La gravedad del ascensor lo retuerce; el primer sol transmite jaqueca efímera ante el contacto con el iris. El anciano arrastra sus pies desmesuradamente sincronizados: un beat en ascenso proveniente de un exento de km. nunca taxi marca el rebote de talón sobre baldosa. Allá arriba, a hectáreas de distancia, mozalbetes extasiados insisten en perdurar una noche que finalizó hace años atrás. Avanza, y los trasnochados se multiplican, vomitados de un tugurio que en otras oportunidades funciona como salsódromo.

El anciano se abre paso entre idos mediante empujones desapercibidos, que lo confunden como uno más de la manada. Cruza la avenida, el hedor a combustible, y se zambulle veloz en el aséptico veinticuatro horas. Música funcional y frío artificial resultan una bendición. Sin fuerzas para esperar a adquirir el producto, abre la gaseosa, y deja que el néctar burbujeante humedezca su garganta en sequía. Unas palabras sin destinatario cobran sentido al abrir los ojos, y reconocer una sombra humanoide en los límites de su campo visual.

“Larga la noche en ‘Porto Bello’, ¿eh?”. El anciano intenta escudriñar los ojos del portavoz, pero sólo lo hace con los propios, vidriosos, resecos, reflejados en los inmensos lentes ahumados. La expectancia de una respuesta lo obliga a espetar un genérico “así parece” que, al pasar por sus cuerdas vocales, se transforma en un gruñido. Acto seguido, devora una papita, como dando por finalizada la conversación. “¡Ehh, pará, pará! ¿Cómo vas a comer? ¡Te va a hacer bajar!”. El anciano bebe otro trago. “Acabo de despertarme”, espeta. Una sonrisa se dibuja en el rostro ajeno: “Si, claro. Yo también”, responde el insomne, y se da media vuelta, dando, ahora sí, por acabada la charla.

Cansado, el anciano paga lo correspondiente y emprende el regreso a su hogar, arrastrando no solo sus pies, sino tambien al cuarto de siglo que denota su documento de identidad.


Diálogos por elevación
Alimaña


(El protagonista, bolsa con gaseosa y un cuartito de pan en mano, arriba a la entrada del edificio. A punto de abrir la puerta, descubre sorprendido a una rata acobijada en la esquina que sirve de bisagra. Deseoso de entrar a su hogar, el protagonista golpea con su pie el recuadro de madera; improvisa un zapateo en las proximididades del roedor: este último no se mueve.

Azorado, analiza la situación, y decide arrojarle algún elemento a la alimaña. El problema radica, entonces, en que arrojarle, puesto que sus bolsillos están vacíos, la gaseosa podría provocar la rotura de algún vidrio y el pan, bueno, el pan se tornaría incomible. Observa entonces los canteros aledaños, vacíos. Observa también a la rata, que le devuelve la mirada. El protagonista sale de la escena, dispuesto a encontrar su proyectil.
Es en ese mismo momento cuando llega al lugar una mujer de cabellos rubios cenicientos, promediando los cincuenta que, con andar vertiginoso, obvia la presencia del roedor.

El protagonista retorna a la escena con la bolsa de vianda en una mano, y una lata vacía de cerveza en la otra).

- Señora.

(La mujer revisa su cartera).

- Señora.

(La mujer toma la llave y está a punto de abrir la puerta).

- ¡Señora!

(La mujer finalmente oye los gritos, y reacciona asustada. Deja caer las llaves, que aterrizan a milímetros del roedor, y gira sobre si misma, exigiendo una explicación).

- (Señalando) Señora, tenga cuidado, hay una rata.
- ¿Eh? ¿Qué? (La mujer vuelve a voltear y dirige su mirada al suelo. Al instante, pega un alarido acompañado de un olímpico salto tres escalones abajo)
- Le estaba gritando, pero no me escucho…
- (Silencio)… Si, estaba distraida.
- Si, suele pasar.
- …
- …
- ¿No lo vas a echar?
- ¿Yo?
- ¿Y si, si no sos vos quien lo va a hacer?
- Si, ya intenté, pero no hay caso. No se quiere mover.
- A ver, probá de nuevo.
- ¿No me cree?
- Si, si, pero por las dudas

(El protagonista vuelve a golpear la puerta y a zapatear sobre el cerámico. El animalejo no se mueve).

- ¿Vio?
- ¿Y ahora?
- No sé, justo cuando usted llegó yo había ido a buscar algo para tirarle. Encontré esta lata
- ¿Pero como les vas a tirar algo? ¡Pobre animal!¡Lo vas a matar! ¿No se te ocurre otra idea?
- No, la verdad que no… Igual no creo que la mate… es liviana la lata… se la tiro despacito, como para que se asuste nomás.
- Y bueno, si no queda otra… Esperá que me pongo a resguardo (Tomando distancia excesivamente prudencial) Listo.

(El protagonista apunta meticuloso. Recuerda las clases de basket en el secundario. El enfoque puesto sobre el punto al que se desea asestar; la medición del peso del objeto a lanzar. Luego de interminables segundos, lanza. La lata da de lleno en la cabeza del roedor, el cual pega un chillido y se agita temeroso en un par de espasmos. Pero no, no se mueve de su lugar).

- ¡Que bicho hijo de puta!
- …
- …
- Me parece que tiene la cola enganchada con la puerta (Chequeando) ¿Sabes que si?
- ¿Y ahora?
- Y ahora tendríamos que abrir la puerta
- Esperá. (La mujer toma el teléfono celular del bolso y realiza una llamada, inaudible para el protagonista). Ya está.
- ¿Ya está que?
- Lo llamé a mi marido. Ahí baja.
- Ah…
- Claro, así cuando el abre la puerta, el bicho se suelta y nosotros no nos arriesgamos a que nos contagie rabia, o algo por el estilo
- …
- …
- Que cobardes, ¿no?
- No te lo permito, eh.
- No, decía nomás.
- Y… es que es muy grande.
- Si, la verdad que si.
- Y esas colas largas que tienen… Dios mio, que horror de bicho.

(Finalmente baja el marido, que desde el otro lado de la puerta observa la situación. Su mujer le señala la ubicación espacial del animal que, cuando el hombre abre la puerta, sale disparado para el lado contrario).

- Gracias mi amor.
- Gracias
- No, de nada.
- ¿Suben ustedes?
- Si, si.

(Los tres personajes suben al ascensor. La mujer presiona el octavo, sin consultar).

- ..Yo voy al sexto.
- Ah… perdón, es que con tanta cosa me quede asustada.
- No, no se preocupe. Total…
- Eso te pasa por llamarme cobarde.
- ¿Que? ¿Le dijiste cobarde a mi señora?
- No… dije que eramos dos cobardes.
- Ah… si, eso si, puede ser.
- …
- Buenas noches.


Aarghctualidad!
Copipeist


Si el concepto de Zeitgeist hace referencia al clima intelectual y cultural de una era que trascienden a una persona o generación, se podria decir que el concepto de Copipeist es un intento de Zeitgeist, pero mal hecho y forzado. Veamos, entonces, un ejemplo: “La revolución en paz” y Elisa Carrio.

 

Carrio revolucion

 

Carrio revolucion

 

Carrio revolucion

 

Carrio revolucion

 

Carrio revolucion

 

Menem revolucion

 

Oferta


Merca & dising
Viví manu


Vivi Manu


El Ilustre Desconocido Ilustrado
Jean-Luc


¡Óh Jean-Luc, prócer entre próceres, sorpréndenos con una de tus inventivas! ¡Eres tan creativo, tan fugaz pero inteligente! Bebe una copa mas, muchacho. Podrías beber todo nuestro brandy y te lo perdonaríamos. Solo pedimos que, a cambio, nos deleites con una de sus siempre fantásticas anécdotas. Esas que sacan a relucir toda tu sagacidad intelectual. Si Jean-Luc, bebe de nuevo, bebe todo lo que quieras. Pero no calles, no importa tu embriaguez. No nos importan tus palabras deslizantes, pues dotan a tu voz de exotismo; tampoco molesta tu aliento a licor: es un perfume para nuestro vulgar epitelio olfativo. Empalaganos con uno de tus comentarios mordaces, y gira el rostro levemente al costado. Oh Jean-Luc, esa barba de tres días sienta tan bien en ti. Te da un aire despreocupado, tan elegante y casual a la vez. Por supuesto, un perfil encantador. Y los cigarrillos que fumas, Jean-Luc, siempre gitanes y nunca parissienes, que cuando los colocas en tus labios dedicas a sorber. Lo sabemos, disfrutas del sabor de la nicotina adherida en tu paladar. Y lo entendemos, porque tu boca es perfecta. Continua, Jean-Luc, sedúcenos con tu encanto, eclípsanos de goce. Pero, oh, Jean-Luc, no sonrías por favor, no con la boca abierta al menos, pierdes el encanto. Los restos de ciboulette atorados entre tus dientes no sientan nada bien en ti.