No es fácil entrevistar a un manifestante que haya estado en dos protestas a la vez. Acudí a las dos convocatorias como colaborador del Washington Rini Ton, cámara en mano, grabador MP3 pegado con velcro en una de las hombreras de la chaqueta. Fijé mi objetivo en Roland Clemens, comunicado ilustre español, manifestante tardío de los que ya no quedan.
Clemens fue al Monumento de los Españoles no por estar interesado en los reclamos cuadrúpedos o la siembra directa de marihuana sin fertilizantes. El estuvo como investigador, ya que el famoso Monumento fue blanqueado con CIF, y eso, para un conservador del patrimonio, no podía ser pasado por alto.
M.H: No tenemos antecedentes de este particular, con la excepción de la cabeza de Trajano hallada en Baelo Claudia -Cádiz- verdad?
R.C.: Si bien los estudios coinciden con esa hipótesis tan difundida, la realidad es otra. El producto (CIF) ya se supo utilizar en las tapas de la Enciclopedia Británica que guarda el Vaticano. De cuero de Alce, estaban tan deterioradas que se le daban por perdidas. Resultó ser una restauradora Paraguaya la que descubrió que esos componentes iban bien no solo con el cuero, sino tambien con otros materiales que sirvieron de placebo, como por ejemplo los azulejos del baño del Santo Padre.
M.H: Entonces debo entender que usted fue a la manifestación del campo un día después para ver como había quedado el Monumento a los españoles tratado con CIF?
R.C.: Aunque yo comulgo con la derecha radical y violenta -tenga en cuenta que nací en Mataderos y estuve en contacto directo con la selección y eliminación del ganado-, esta vez fuí como restaurador del C.O.Ñ.I.C.E.T, y mi tarea consistía en visualizar In-Situ la respuesta del producto limpiador.
M.H: Y entonces porque fue también al Congreso?
R.C.: Lo del Congreso es capítulo aparte, ahí no fui como restaurador sino como guardaespaldas de José Ignacio Rucci.
M.H: Pero Rucci murió hace tiempo, por lo menos treinta años!
R.C.: Mire, yo soy peronista, mi mujer es peronista, mi hijo es peronista -lamentablemente de izquierdas, si es que existe la izquierda peronista- mi madre es peronista, mi suegro, que aún vive, es peronista, y Betty, la que atiende el almacén, es peronista. Con esto quiero decir que si uno es, “no se hace”. Por lo tanto, no voy a seguir con su juego dialéctico, y caer en la banalidad de tal simpleza refiriéndose a un fallecido como “murió”, “dejó de existir”, “ya fue”. ¿Qué es eso?
Nosotros los Peronistas no asumimos las faltas en nuestro Movimiento, somos un déjà vu, políticamente hablando.¿Me entiende?

M.H: Para cerrar, ya que seguramente en la editorial recortarán el texto de la entrevista.¿Usted fue a la manifestación un día después para ver la respuesta del producto blanqueador? Y al Congreso como
guardaespaldas -según sus palabras- de José Ignacio Rucci?
R.C.: En realidad -y esto es una confidencia que espero no esté grabando- soy un saboteador tardío. He llegado un día después a la convocatoria en el Monumento y varios años después de la muerte de José Ignacio.
M.H: ¡Entonces?…
R.C: Lo siento, no tengo nada más que decir.
Este capítulo de la historia reciente forma parte de un breve encuentro con la casualidad y el destino. Un hombre se confiesa a si mismo, y ante otros. Un producto que simultáneamente desengrasa un monumento y una cafetera de aluminio. Un edificio, “el Congreso”, repleto de alborotados políticos, encerrados como pajaritos. Un nombre compuesto: José Ignacio convertido en una playa de Uruguay de esparcimiento peronista.