“Todo comenzó con un pequeño vello en la axila, al cual pronto se le sumaron otros, en varias partes del cuerpo. Conforme el interés por los juguetes menguaba y los padres se volvían unas personas odiosas, la voz comenzó a cambiar, el sudor a oler a mil demonios y la piel, dios mío, tornóse grasosa y llena de marcas. De repente, aquellas que siempre habías mirado con indiferencia e incluso rechazo, se convirtieron en seres extraños pero apetitosos, material con los que se construyen los sueños húmedos más intrépidos. Ellas, con sus angelicales rostros repletos de pecas y las sonrisas más dulces del mundo. Ellas: únicas, sublimes, inigualables. E imposibles”.
Monsieur Côtelette
La adolescencia puede ser una etapa llena de frustraciones para un joven sin experiencia en los temas del amor. De un día para otro, sin siquiera proponérselo, un océano repleto de apetitosos peces se abre ante los ojos del púber. Un inconmensurable mar, y como única herramienta las manos o, con suerte, una pequeña caña de pescar comprada en los lagos de Palermo.
Los pescadores duchos en el arte de la seducción saben que hay dos formas de conseguir victoria. La primera involucra una caña onerosa con reel automático, mucha experiencia y dedicación. Es la más honesta, pero la carne es débil, sobre todo en un adolescente. La segunda opción involucra a lo que se conoce como mediomundo, una red capaz de atrapar a todo lo que se tope en su camino.
Como ligar con esa chica que tanto te gusta y a la que le gusta otro se propone ser un curso acelerado para el tejido de dicha red. O mejor aún, una mina marítima que logrará que ciento de bacalaos floten sobre la superficie, indefensos, con sus bocas abiertas, a la espera de que alguien los recoja.
Si bien parte de la hipótesis de que son las chicas las que eligen siempre, lo cual puede sonar bastante desesperanzador, el libro propone, en primera instancia, asegurarse si la susodicha en cuestión es la correcta. Para ello propone hacerse preguntas tales como si se esta dispuesto a pasar la vida a su lado “aunque jamás te besara o hiciera el amor contigo” las cuales, en caso negativo, indican el camino a seguir.
Pasada esa fase, Como ligar… otorga cientos de consejos, como por ejemplo “dúchate todos los días” o “nunca digas que tus granos tiene el mejor pus”, a los cuales enmarca en un contexto de inmediato reconocible. Un claro ejemplo: “En los pueblos, los chicos les tiran piedras a las chicas. Eso les molesta a ellas, y por eso les insultan, pero lo cierto es que el objetivo de la pedrada se cumple a la perfección. El cantazo ha cumplido su misión, que no es otra que la de que la chica se fije en que existe el chico, que ya no lleva pantalón corto, que ha dado el estirón y que esta en condiciones de lleva a una moza a bañarse al río. Pero como a estas alturas no vas a andar tirándoles piedras a las chicas (a las chicas de las ciudades no les haría ninguna gracia la pedrada; no están acostumbradas), lo que tienes que hacer como alternativa es <<pasarela>>”.
Antonio Gómez Rufo, autor de la guía, asegura que es menester conocer a la chica en cuestión: se debe saber nombre, donde vive, colegio al que asiste, si es alérgica a las flores, le tiene miedo a los perros, es huérfana, gangosa o diabética o tiene “alguna otra enfermedad”. Para ello todo lo vale, incluso seguirla a donde viva, estudia o trabaja hasta conocer su rutina. Incluso puede servir confeccionar un cuadro horario, y así tenerla localizada siempre.
Una vez recorrido éste camino, fácil será determinar su personalidad, gracias a las distintas clasificaciones que establece el autor. Así, las jóvenes serán: a)románticas, frívolas o enamoradizas; b)resentidas, ansiosas o melindres; c)fieles, infieles o “y a ti que te importa”; d)activas, pasivas o no sabe/no contesta; e)solitarias, gremiales o inseguras.
En el caso de los chicos el libro, de ediciones el papagayo, realiza la misma tarea, estableciendo un mapa de personalidad a partir de variables bipolares como belleza, simpatía, grado de timidez; condición social, gordura y cultura general. El resultado son una serie de clases, que se recorren desde los casilleros “súper” hasta la letra “Z”. De todas maneras el autor recuerda que, si bien todo abuso es malo, no se puede abusar de hacer el amor, con lo que ofrece una última opción a aquellos jóvenes que “ligan menos que Quasimodo en Marbella”.
Es importante también saber como vestirse (chaqueta de lino azul marino, pantalón gris marengo, corbata lisa de lana y zapatos), no ser vagos(”hay algunos a los que solo les gusta seducir y que considera que la acción sexual es pura gimnasia”) ni brutos, tanto física (“La violencia no les gusta a las chicas ¿Has probado retorcerle el cuello a una de ellas?”) como culturalmente (“Cualquier chica que se deje coger un pecho tiene la intención de dar ese regalo en carácter confidencial. No debes llamar a todo el mundo para saber lo que tienes en la mano”).
Por último, en caso de caer en la desgracia de que la susodicha ya se encuentre en pareja, se puede optar “minar la relación que te incordia”, haciendo regalos a la muchacha o mandando a golpear al contrincante. Todo es válido en los juegos del amor. Y recuerde, si no le funciona, esa mujer no estaba destinada para usted; o mejor aún, no lo merece.